lunes, 23 de agosto de 2010

EL TIEMPO PASA

Parece mentira, pero ya estamos a finales de Agosto. Podría haberme dado cuenta antes, simplemente mirando el calendario, pero la certeza me asaltó ayer, volviendo del pueblo, cuando me di cuenta de que habíamos pasado el último fin de semana del verano en Babia. Ahora nos llevaremos unos días a los niños a Astorga, como paso previo para su vuelta a la civilización en Septiembre, y, hala, ya está: otro verano a tomar por el saco.

Al menos, vuelvo al trabajo con las pilas cargadas después del fin de semana reponiéndome de la rutina laboral. Ahora me pasaré la semana en el curro recuperándome de la convivencia con la familia durante estos dos días. La playa parece ya un recuerdo lejanísimo, y en cambio, la rutina que compone la vida durante la mayor parte del año parece estar ahí mismo, a la vuelta de la esquina.

Ha sido un fin de semana tranquilo, a pesar de que había mucha gente en casa y gran parte de esa gente no sobrepasaba los 6 años de edad. En concreto, éramos ocho adultos (alguno a tiempo parcial, como mi mujer, que tuvo que trabajar el sábado) y cinco tiernos infantes, con los que estuve jugando casi todo el sábado, a ratos tranquilamente, a ratos un poco más a lo bruto, para arrepentirme casi todo el domingo (ya voy estando muy mayor para jugar a pelearme con los cinco a la vez, y las agujetas dan fe de ello). Pero, en fin, supongo que eso cuenta como sustituto de las carreras que no me pegado, porque tengo la rodilla derecha un poco fastidiada y no he podido salir a correr.

De todas formas, uno se lo pasa bien con los enanos. Es como ver un documental de La 2 sobre las neuronas espejo, pero en vivo y sin tener que aguantar a Punset. Si alguien tiene dudas de que aprendemos lo que aprendemos por imitación, le recomiendo que se tire un ratito con los niños. Es impresionante el poder de observación que tienen, y como todos intentan imitar lo que hacen los demás. En ocasiones, eso es divertido (por ejemplo, ver al benjamín, con 2 añitos escasos, intentando realizar las mismas proezas físicas que sus hermanos y primos de 5 y 6 años), y a ratos, desesperante. Y peligroso, también: tienes que hilar muy fino con lo que haces y dices, porque a la que te descuidas tienes a los cinco diciendo tacos o pidiendo cerveza para beber con la merienda.

También vi una película que me encanta, pero de eso ya hablaré otro día.

Ahora aparece en el horizonte una semana movidita. Bueno, movidita para los estándares de Agosto, que tampoco es demasiado. Lo peor de todo es que culminará el sábado con una boda, de esas a las que no apetece ir porque no conoces a nadie, pero todo el mundo te conoce a ti, y que hará que el domingo tenga que ser destinado por completo a recuperarse de los excesos de la noche anterior. La verdad, preferiría volver a pasar el fin de semana peleándome con los cinco enanos. Aunque tuviera que repetir hasta el infinito, como ayer, la historia de la venganza de Íñigo Montoya. Por cierto, imagínense a cinco niños haciendo fila para ir matándome por turno, una y otra vez, soltando antes de la estocada mortal, por supuesto, la frase de rigor: “Hola, me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre: prepárate a morir” (ahora lo recuerdo con una sonrisa; ayer, llegué a lamentar que las espadas fueran de madera).

En fin, que la sensación no es muy alegre. Por mucho que te hagas el loco, todo te recuerda que el verano está prácticamente kaput.

Y las semanas comienzan, de nuevo, a parecerse sospechosamente unas a otras.

Todavía no sé si eso es bueno o malo. En cualquier caso, habrá que aprender a disfrutarlo. Porque es lo que hay.

5 comentarios:

112 dijo...

Ah... ésas pequeñas cosas que componen la vida y aún pareciéndose unas a otras, siempre son distintas...
Me alegra saber que la nostalgia te encuentra con una sonrisa en los labios.
¡Ha sido un gran verano! y aún queda tiempo para más.

Decia Leon Felipe:
"¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!(...)
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
(...)
Y, ¡qué lástima
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!"

Por lo que cuentas: ¡qué suerte tienes y cuánta haces que tengan tus hijos!.
Perdon por lo largo del comentario.No he podido resistirme a la nostalgia.

el chico de la consuelo dijo...

Sigo por aqui echando la tarde en tu blog que me está encantando.
Y sembrándolo de palabrejas por aqui y por allá en los comentarios.

112 no había leido nada de León Felipe y el poema que pones me lo he leido entero y me ha encantado. Solo sabía de el que se habia beneficiado a sara montiel en sus buenos tiempos (en los de ella) lo cual ya decía mucho a su favor.
A ver si me pillo algo suyo en la biblio.

Amanita Faloides dijo...

¡¡¡¡¡UUUUUFFFF!!!!!! Vengo por recomendación de EC-DC: El Chico de la Consuelo, que te ha enlazado en su blog, y héte aquí su club de sulfúricos dando un garbeo..

Terror llevo en mi ser: Astorga has mentado, es destino que si profundizamos, nos hallemos. Desde el Regimiento Lanzacochetes Santocildes, pasando por el cocido Maragato y los ¿naranjitos? Sin mencionar la carga genética implícita en mi descendencia colateral, por vía de mi hermana Peque (famosísima en mi blog casero...)

Al margen de esta terrorrífica coincidencia, como no podía ser menos tratándose de EC-DC: me gustas.

Cazurro dijo...

Bienvenida, Amanita, y gracias por la visita.

Veo que conoces Astorga. Es una coincidencia curiosa, sí, pero no creo que llegue a terrorífica.

A mi también me gusta mucho tu jardín. Te leo a menudo, aunque nunca te he comentado.

PS: me temo que no he pillado lo de los naranjitos... no sé a qué te refieres.

Anónimo dijo...

Creo que los "naranjitos", van a ser los "butanos"... eso o fue alli en el mundial del 82.

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