jueves, 29 de abril de 2010

ORGANIZACIÓN LABORAL




Resulta que en la empresa en la que trabajo hay gente que tiene costumbres raras. Pero raras de cojones, no se vayan a pensar que son simples hobbies, no.



Hay un tipo que tiene transformada su furgoneta en una tienda de campaña con ruedas, y se dedica a irse los fines de semana al monte, en plan autista, “para estar solo”, dice él (curioso, porque de lunes a viernes no habla con nadie y va todo el día a su bola).



Otro se pasa sus horas libres ayudando a un amiguete en su negocio, echándole una mano detrás de la barra, transportando mercancía, esas cosas. Lo cual no sería raro si no fuera porque el negocio en cuestión es un puticlub y la mercancía,… bueno, ya saben. Él dice que su amigo le paga en especie, y debe ser cierto, porque cuanto más curra más relajado se le ve.



Otro colecciona coches viejos. No, antiguos no: he dicho viejos. No llegan a antiguos, pero si el propósito es dar el cante, lo consigue sobradamente. El tipo viene a trabajar en un Porsche, o en un Masseratti, o en una barchetta Ferrari… O, cuando las joyas de su colección hacen crack (cosa que sucede con cierta frecuencia), en un Ibiza, igual de viejo pero, ciertamente, menos glamouroso.



Y luego hay otros y otras que se complacen en jugar por las noches a la ruleta rusa biológica de la reproducción humana, y de repente se preñan. Pese a tener yo mismo dos hijos (o quizá precisamente por eso) no deja de sorprenderme esa alegre inconsciencia con la que la gente se embarca en estos viajes que duran toda la vida. Pero, bueno, hay que entender que los picores de la primavera, o los fríos del invierno, ex aequo con la penosa programación televisiva en horario nocturno, tienen estas cosas. Uno se aburre, se va a la cama y pasa lo que pasa.



Y lo que pasa es que cuando se preña una de nuestras queridas y hasta entonces no suficientemente valoradas compañeras, se desencadena el caos laboral. Porque resulta que, por un extraño azar organizativo que ninguna otra empresa que yo conozca (dejemos a un lado las instituciones públicas, que eso es otro mundo) ha sido capaz de imitar, en nuestra empresa somos todos total y absolutamente insustituibles, así que cuando nuestra querida compañera, afecta de un bombo del calibre 12, decide que ya no puede más y se coge la baja, para ir a su casa a prepararle el nido al bicho no nato, nos encontramos con que no hay nadie en plantilla que sepa hacer lo que hacía nuestra embarazadísima compañera. Nadie en una plantilla de casi 200 personas, ojo.



Pues eso mismo ha pasado recientemente. Una de nuestras chicas se ha tenido que ir a preparar el feliz acontecimiento y nos hemos encontrado con que su puesto, que es básicamente de atención telefónica a los proveedores y gestión de compras, no hay quien lo ocupe. Y se ha montado un pollo de tamaño considerable.



Desde Recursos Humanos echan la culpa a la organización del departamento de Producción, tradicionalmente oscurantista y autárquico. Producción alega (con razón) que el puesto en cuestión cae fuera de sus atribuciones, y que corresponde más bien al departamento comercial y/o al departamento de administración resolver la papeleta. Y administración devuelve la pelota a recursos humanos remitiéndose a que las funciones de recursos humanos consiste en diseñar los puestos de trabajo y delimitar sus funciones, previendo adecuados sustitutos para cada uno. El departamento comercial, como de costumbre, no sabe, no contesta. Yo, que gracias a Dios tengo un puesto absolutamente periférico en el organigrama, veo los toros desde la barrera, alternando ratos en los que me troncho con días en los que me invaden las ganas de llorar.



Y así han ido pasando un par de semanas. Visto el sindiós en que se había convertido el tema, se decidió poner, por el artículo 33, a una pobre chica, con una experiencia limitada en un área sólo levemente parecida a la del puesto en cuestión, a desempeñar las tareas de la futura mamá. Con el agravante de que debe hacer en media jornada lo que su compañera, con 4 años en el puesto, hacía en la jornada completa. Ante esa situación, los resultados no se han hecho esperar. Llamadas de proveedores descontentos, retrasos en la facturación, retrasos en los registros del sistema, crispación general, miradas de odio entre los responsables de los distintos departamentos,…. Vamos, lo normal en cualquier empresa.



En mitad del lío, nadie se ha preocupado por echarle un cable a la pobre chica. Ni siquiera por preguntarle cómo lo lleva. Todos la están usando como excusa cuando alguien les echa la culpa de algo (“claro, es que la chica nueva no se entera de nada”, “es que esta chica lo está liando todo”) y nadie se preocupa de ayudarla ni de buscar una solución. Así que me temo que la cosa acabará como siempre: ella se inflará de esta situación absurda, se cogerá una baja por cualquier chorradilla, y las cabezas pensantes que ahora se odian a muerte no tendrán más salida que sentarse, estudiar el tema y buscar una solución. Solución que encontrarán a los 5 minutos, y saldrán de la reunión con una sonrisa de oreja a oreja, encantados de haberse conocido, sintiéndose los salvadores del mundo y olvidando antiguas rencillas, como si toda la vida hubieran sido amigos del alma.



En el proceso, puede que la empresa pierda algún proveedor, puede que algún proveedor pierda algún dinero y puede que nuestra querida compañera pierda algo de su salud mental. Daños colaterales, ya se sabe.
Pero, ¿y lo que nos hemos reído mientras tanto, eh?

3 comentarios:

112 dijo...

lo malo de las administraciones publicas es que los daños colaterales suelen multiplicarse sin que le importe a nadie de la misma, y lo peor es que encima ni nos reímos.

Efe Morningstar dijo...

Pues a mí todo esto me parece desternillante. Nadie ha previsto nada, los parches no funcionan de ningún modo, la pobre mujer aguantando el chaparrón, todos echando balones fuera... Esto lo coge Billy Wilder y hace un clásico, hombre.

¡Aquí lo que falta es perspectiva y creatividad!

Cazurro dijo...

Hola Efe y 112, gracias por comentar, y bienvenidos.

112, la cosa pública es otro tema. Ahí lograis hacer de la desorganización un profesión. Lo nuestro es más artesanal, más amateur.

Efe, de acuerdo contigo, falta perspectiva. Pero creatividad es lo que sobra, tendrías que ver algunas excusas que circulan por aquí últimamente ... pura imaginación.

Como argumento de película, lo veo más en la línea de Trueba, en plan comedia coral. Aunque, a poco que se tense más la situación, puede acabar estilo Tarantino. Toquemos madera.