martes, 6 de julio de 2010

FRASES DE PELÍCULA

Ya he dicho alguna vez que me gustan las pelis. Me gustan mucho. Sin embargo, no me gusta ir al cine porque eso supone un peaje tan insoportable (salir de casa, ver gente, el olor a palomitas, etc) que la visión de una película en el cine sólo me compensa cuando se trata de una obra maestra. Como obras maestras hay pocas, y no se hace ninguna desde hace mucho tiempo, creo que hace ya unos añitos que no voy al cine, y me veo las pelis en casa, en mi sofá, a mi aire. Mucho mejor, dónde va a parar.


Pero mi sociopatía aguda no quita para que me gusten las películas. Cuando una peli me gusta, además, llega a convertirse en un vicio para mí, y puedo verla dos, diez, cien veces. Las que haga falta. Pero, claro, eso me lleva mucho tiempo, y provoca que vea pocas películas de actualidad. Soy más de pelis con un par de añitos, como mínimo, de solera. La verdad, ceñirme a las exigencias de la cartelera y los estrenos siempre me ha parecido un riesgo demasiado grande. Como soy poco proclive a arriesgarme y soy un tío paciente, puedo esperar a conocer las opiniones de alguna gente de la que me fío y saber qué películas merecen la pena y qué películas merecen que su director sea linchado. Aunque debo aclarar que la gente de la que me fío es peculiar, y no siempre me fío de ellos en el sentido convencional. De hecho, la mayoría de las veces me fío por oposición, y sólo veo las películas que ellos etiquetan como raras. Si me dicen que está bien, o que es entretenida, procuro evitarlas. Si me dicen que mola un montón, directamente huyo.

Todo esto provoca que la lista de películas que veo sea, por un lado, muy escasa, y por otro, bastante ecléctica en cuanto a géneros y épocas. Lo segundo no es demasiado relevante, pero lo primero implica que, ya que hay pocas películas que me gusten, las vea muchísimas veces (hay quien piensa que demasiadas). Y esto se asocia con el peculiar funcionamiento de mi memoria para producir un efecto peculiar: recordar los diálogos.

Así que, ya ven, por si me faltaban rarezas, ahí va otra. Me encanta recitar los diálogos de algunas pelis. Incluso, cuando las veo a solas (todavía me queda algo de vergüenza, no se crean) imito las voces de los actores.

Pero hay determinadas frases, de algunas películas, que se han hecho especiales, después de muchos años de verlas, una y otra vez. Frases que, por alguna razón, me gustan. Puede ser cómo suenan, o lo que dicen, o lo que pretenden decir. O nada de lo anterior. O todo a la vez. Ni yo mismo podría decir el motivo. Pero ahí están: frases que se me han quedado enganchadas en la memoria, en algunos casos mucho más que la película de la que proceden.

Lo bueno es que algunas de estas frases pueden utilizarse como test de afinidad cuando conoces gente. Es decir, te presentan a alguien, ambos soltáis las trivialidades corteses de rigor y, según el tenor de la conversación, aprovechas para soltar una frase de, por ejemplo, Cyrano de Bergerac. Si el otro la reconoce, la cosa promete. Así que pruebas con algo un poco más profundo, digamos algo de Sin perdón. El contrario recoge tu lanzamiento y te devuelve la pelota perfecta, y entonces empiezas a emocionarte sin remedio, porque intuyes que estás ante alguien especial. Y te decides a ir a por todas: sueltas una frase de La Princesa prometida. Si la pilla, sabes que has encontrado un alma gemela.

Claro que también puede pasar que a la primera insinuación cinematográfica el contertulio te mire con cara de ¿mande?, y entonces se imponga una retirada estratégica, y seguir con las trivialidades so pena de ser considerado un perturbado. Esto es lo que suele pasar en la mayoría de las ocasiones, dicho sea de paso (lo de que me consideren un perturbado, no; lo de que no pillen las alusiones).

En fin, para que se hagan una idea, ahí van mis favoritas. Las que elegiría en el caso de que alguien me pidiera que escogiera 3.

Sin Perdón: “Lo que uno se merece no tiene nada que ver”.

La princesa prometida: “Me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”. Y también, como no, esta otra, más simple: “Como desees”.

Cyrano de Bergerac: "Basta de luchar con hombres, esta noche necesito gigantes".

Gladiator: "La muerte nos sonríe: devolvámosle la sonrisa".

Casablanca: “Esto podría ser el principio de una gran amistad”. Y también, cómo no: "Siempre nos quedará París"

El Príncipe de las Mareas: “… ojalá repartieran dos vidas a cada hombre, y a cada mujer”.

Y mi favorita:

Cuatro bodas y un funeral: “Por el amor verdadero, provenga de donde provenga. Para que en nuestra vejez podamos decir, orgullosos: a mí un día también me adoraron”.

Ya, ya sé que son más de tres. Pero es que no puedo decidirme a eliminar ninguna de las anteriores. Nunca se me han dado muy bien este tipo de decisiones.

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