miércoles, 7 de julio de 2010

PASÁNDOLO BIEN

Hoy he salido a correr después del trabajo. A pesar de que los termómetros marcaban por encima de los 30º, necesitaba quemar energía. Así que me he puesto el equipo, he enchufado la música, y a la calle.

El suelo reverberaba, y el olor del asfalto semifundido era tan fuerte que he decidido ir a correr al parque de La Candamia, por el circuito que está al lado del río. El problema es que es un circuito más largo que el habitual, y hacerlo después del trabajo lo convierte en más duro todavía. De manera que me lo he tomado con calma, y he empezado suave. Ha sonado esta canción, que me gusta para ir con un ritmo más o menos cómodo. Hay días que el modo aleatorio se porta bien, y te hace coincidir la música con el ritmo, el paisaje y el estado de ánimo.

Sorprendentemente, me he encontrado bien. Digo sorprendentemente porque al salir de currar me notaba cansado, y esperaba que la carrera se me hiciera más dura. Pero no, he cogido el ritmo muy bien e incluso me he asustado un poco cuando he mirado el reloj y he visto que iba mucho más rápido de lo que yo creía. Genial. Eso siempre me pone de buen humor.

Más o menos a mitad de recorrido me he dado cuenta de que iba adelantando a varios corredores, y a pesar de que alguno lo intentó, ninguno pudo seguirme el ritmo. El hecho de que ninguno bajara de los cincuenta tacos no impidió que mi humor siguiera mejorando. No pensaba en nada. Simplemente escuchaba la música y me concentraba en respirar. Es lo que más me gusta de correr: estás un rato sin pensar en nada.

Pero en un momento dado, me ha adelantado una mujer. Y qué mujer. Tenía treinta y pico años y una figura espectacular. Madre mía, que piernas, qué culo. Así que me ha saltado el automático que todos los hombres llevamos dentro y a pesar de que ella iba un poco más rápido que yo, he pensado que merecía la pena intentar no perderla de vista. Total, para mirarle las piernas y el culo tampoco me hace falta pensar. Ante todo coherencia.

Así que le he dado unos 5 metros y he intentado que no se escapara más. Y, oigan, he aguantado. Está claro que no hay como tener la motivación adecuada. Nos hemos tirado un buen trecho así, yo mejorando mi tiempo y ella supongo que dudando entre acelerar y perderme de vista o darse la vuelta y soltarme una hostia. Hasta que hemos llegado hasta el punto del circuito en el que puedes elegir seguir corriendo por la orilla del río o pasar al otro lado y subir a correr por los cantiles. Eso supone que en lugar de correr a nivel, te esperan cerca de 3 kilómetros de subidas y bajadas de fuerte pendiente. Y me ha vuelto a saltar el automático, esta vez el de la superación personal.

He decidido que hoy era el día de los retos, así que he dejado irse a mi estupenda liebre, con gran pesar, todo hay que decirlo, y me he dispuesto a la escalada. El primer tramo es una pendiente muy fuerte, y llegas arriba prácticamente muerto. Afortunadamente, después viene un tramo más o menos llano, que permite recuperar. Lo he pasado dignamente, sin plantearme abandonar más de 3 o 4 veces. Gracias a Dios, ha sonado esta canción, que siempre ayuda.

Lo bueno de esa parte del circuito es que tienes una visión muy chula de la ciudad de León al atardecer. Es un sitio estupendo para correr. Y más hoy, que las piernas y los pulmones me estaban respondiendo genial y el modo aleatorio estaba que se salía.

Por fin he enfilado la parte de bajada, en la que ya no disfrutas tanto del paisaje, porque tiene casi tanta pendiente como la subida inicial, y si no te fijas en dónde pones los pies te puedes meter una leche importante. Normalmente es una parte que hago con el freno de mano, para no emocionarme demasiado, pero hoy me he dejado ir, y he bajado rápido, la verdad. Creo que nunca había corrido tan rápido.

La parte final del circuito coincide con la entrada al parque. Es la más distraída, porque al lado de la pista hay una gran extensión de césped y en esta época hay mucha gente, así que mientras corres puedes ver algún partidillo de fútbol, algún grupito con guitarras haciendo una pequeña jam session o alguna pareja dándose el lote sin ningún recato. Al aproximarme a la salida del parque he visto de nuevo, a lo lejos, a mi antigua liebre. Estaba estirando, justo al lado de la puerta. Entonces ha sonado esta canción, y miren por donde, la he encontrado adecuada. Me refiero a que la canción me gusta, y la chica se parecía a Christina Amphlett, la cantante de los Divinyls, no a la letra (aunque también pudiera encajarle… mmm… mejor dejo el tema; habíamos dicho que no iba a pensar, y mucho menos según que cosas).

A medida que yo me iba acercando, he visto cómo ella terminaba de estirar y se dirigía a su coche. Y, oh, sorpresa, me ha saludado al pasar. Le he devuelto el saludo, creo que con cara de pasamarote, y mientras ella subía al coche yo he seguido corriendo hasta casa (vivo como a 1,5 Km de la entrada del parque), ligeramente defraudado: así que es de esa gente que va en coche a correr (no sé muy bien por qué, pero eso no me gusta demasiado; aunque sigo creyendo que tenía unas piernas espectaculares).

Como fin de fiesta, cuando he enfilado los últimos 500 metros, que es cuando ya aprieto y procuro hacer a tope, ha sonado esta canción, que viene muy bien para esos instantes de esfuerzo máximo. Por lo visto el MP3 también estaba de buen humor.

Al final han sido 45:32 para algo más de 8 km. No es para tirar cohetes, pero tampoco está mal.

En resumen, uno de esos días en los que disfrutas. En los que pasas un buen rato y descubres que hay detalles sin demasiada importancia que consiguen hacerte sentir bien.



PS: La foto de arriba es la vista que tengo mientras corro.

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