jueves, 8 de julio de 2010

SUDÁFRICA 2010 (VI): ESPAÑA ÜBER ALLES

España jugará el domingo la final del mundial. España jugará el domingo la final del mundial. España jugará el domingo la final del mundial.

Disculpen, pero estaba probando, a ver si repitiéndolo en plan mantra me lo creía. Va a ser que no. Ni con la repetición. Si les soy sincero, me da miedo despertarme y descubrir que todo esto sólo ha sido un sueño. En cualquier caso, habría sido un bonito sueño.

España jugará la final después de ganar a los alemanes en semifinales. Y de ganarles bien, además. Los otrora invencibles germanos ayer no supieron ni de donde les venía el aire. Lo intentaron, con esa mentalidad prusiana que aún atesoran algunos de sus componentes (aunque para mí que la multiculturalidad y el mestizaje no les ha sentado demasiado bien, la verdad: han ganado calidad, pero han perdido aquel espíritu indomable que los asemejaba a una División Panzer, y no sé si les compensa), pero España era superior, y a la diosa fortuna no le dio esta vez por echarles una mano a los teutones, así que prevaleció la justicia.

Vamos con la crónica.

Veo el partido de nuevo con mi mujer y mi cuñada. Se caen de la anterior alineación mi suegra, los niños y mi cuñado. Por un lado, la cosa es menos entrañable. Por otro, más cómoda. Además, tiene la ventaja de que con este público me puedo lucir contando historietas y exhibiendo mis conocimientos futbolísticos.

Primer tiempo.

España controla la pelota. Alemania no sale de su campo. El ritmo de balón es infinitamente más rápido que en partidos anteriores. Casualmente, sin Torres en el equipo. Yo no digo nada, pero…

Hacia el minuto 15, se produce uno de los momentos más importantes del partido: llega el repartidor de pizzas. Cuatro quesos y especial de la casa. Humm, huelen bien… Me cuesta centrarme en el juego, y Alemania aprovecha esta ligera laguna para desperezarse, pero poco, en plan no quiero molestar. España no ha creado ocasiones de gol, pero sigue dominando.

Mis chicas deciden que todavía no es hora de cenar, así que dejamos las pizzas en la mesa y seguimos viendo el fútbol. Mi cuñada resalta algunos detalles tácticos inquietantes. El entrenador alemán es un tipo interesante (¿?). El lateral izquierdo tiene un cuerpazo impresionante (¿?). Se me ocurren varias cosas para contestarle, pero al final me callo. Tengamos la fiesta en paz.

Puyol remata alto un balón de Iniesta. Uy. Los alemanes siguen sin salir de su campo. España está jugando bien. Mi mujer y mi cuñada se enzarzan en una surrealista discusión acerca de si los rizos de Puyol han sido los culpables de que el balón saliera alto. Mujeres.

Los alemanes se estiran un poco, y así a lo tonto consiguen un saque de esquina. Sensación de acojono generalizada. Un plano corto nos revela que los tiparracos de la camiseta blanca nos sacan unos 30 cm de ventaja, como media. Tragamos saliva. Casillas despeja mal y cede otro córner. Ya no me queda saliva para tragar, así que pruebo con una cerveza. Mucho mejor. Los comentaristas le echan la culpa al balón, pero me temo que la causa sea más grave: el efecto Carbonero ya ha pasado. Si es así, que el cielo nos ayude.

Sigue pasando el tiempo con la misma tónica. La tensión es inaguantable. El olor de las pizzas también. España sigue dominando, pero no acaba de encontrar la manera de meterle mano (es un decir) a los alemanes. Al menos ellos tampoco crean peligro, lo cual es tranquilizador.

Un minuto después, contraataque alemán y Özil se planta sólo en el área. Ponemos cara de susto. En el último instante, Ramos llega junto al alemán y éste se cae. Un comentarista dice que es penalti. Traidor. El árbitro no pita nada. Bien hecho. No hay más que verle la cara al alemán para saber que no ha sido falta. Tiene pinta de enfermo. Para mí que ha sido una bajada de tensión.

Llegamos al descanso. Ganamos cero a cero.

Segundo tiempo.

La cosa empieza mucho mejor, debido sobre todo a que decidimos comernos las pizzas de una puta vez. La selección sigue más o menos igual, pero los alemanes están desconocidos. Parecen más lentos, como cansados, y ni siquiera han dado una triste patada. Los alemanes se cansan…. El descubrimiento me abruma. Decido que necesito otra cerveza.

España está completando los que sin duda son sus mejores minutos del Mundial. Alonso, Pedro y Villa deciden organizar un revival de la Legión Cóndor y comienzan a bombardear al portero alemán. Por televisión ponen un plano corto del chaval, que empieza a tener cara de susto. Los alemanes se asustan… otro descubrimiento. Mi cuñada pone el toque técnico a la cuestión: qué ojazos tiene el portero alemán. Mujeres. Cómo pueden pensar en esas cosas en estos momentos.

Jugada de fantasía de los españoles. Marean la perdiz por un lado, cambian al otro, se van a la esquina, salen de ella, entran en el área, pases de tacón, y de repente Iniesta que se queda solo delante del portero y en lugar de pasar a Villa elige chutar fuerte. El balón sale desviado. Villa no llega por poco. Si entra es el gol del mundial. Mi cuñada echa pestes de Iniesta. Claro, como no tiene los ojos bonitos…

Cambio en Alemania. Entre Pedro, Xavi y Ramos llevan un rato bailando al lateral izquierdo, y el entrenador lo cambia por otro todavía más grande, más rubio, con más cara de mala leche… en resumen, más ario. Mi cuñada no le hace ascos al cambio. No sé si eso es buena señal. Estoy tentado de acusarla de colaboracionista (colaboración horizontal, como decían en Francia en la 2ª Guerra Mundial; qué gráficos son los franceses, ¿verdad?).

Otro cambio en Alemania. Se va un alemán de origen polaco y entra otro ario puro. La Panzerdivisionen van tomando cuerpo de nuevo. Ya sólo les quedan en el campo dos polacos, un turco y un tunecino. Un comentarista, supuestamente experto en fútbol, dice que el que entra es el mejor chutador del mundo mundial. Que mucho cuidado, que con su potencia y los efectos raros del balón… Desde luego, experto en fútbol no sé, pero lo de acojonar al personal se le da bien.

Jugada de fantasía de Alemania (esto es, más de 3 pases seguidos) que culmina con un centro de Podolski al área y un remate de volea del anteriormente proclamado mejor chutador del mundo mundial. Casillas hace una buena parada. O el alemán no era para tanto como decía el experto o ha habido terapia Carbonero en el descanso. Mi cabeza se va del partido por unos momentos…

Minuto 73. Córner a favor de España. Recuerden, los alemanes son altos y fuertes, y nosotros bajitos. No me parece posible que vayamos a ganar el partido en una jugada así. Mi mujer, que tiene un don para adivinar algunas cosas, dice que tendría gracia que les metiéramos gol de cabeza.

Minuto 74. Gol de España!!!! Saltos, abrazos, gritos, más saltos. Toma Puyol, toma rizos, toma salto, toma remate. Gol de España!!! Por todas las ventanas, la gente se asoma para gritar, sacar banderas, hacer sonar bocinas,…. la de Dios. En medio del jolgorio, me asaltan dos pensamientos a cual más inquietante: no entiendo una mierda de fútbol y mi mujer es un poco bruja.

Los alemanes hacen de tripas corazón y a falta de más argumentos se van para arriba con dos cojones. A toda España se le ponen los ídem por corbata. A toda? No. En un alejado rincón de Sudáfrica, un pequeño grupo de irreductibles hispanos aguantan la invasión del imperio germánico. ¿Su secreto? ¿Una pócima? ¿Un druida? Nada de eso: una periodista fetiche. Bueno, eso, y que juegan al fútbol de puta madre.

Asedio alemán sin consecuencias.

Contraataque español sin más consecuencias que evidenciar que Villa está reventado. Cambio en España: se va Villa y entra Torres. Nunca la frase “dormir el partido” ha tenido tanto sentido.

Asedio alemán sin consecuencias (deportivas, porque cardiológicas es otra cosa).

Contraataque español sin más consecuencias que provocar un ridículo espantoso: Pedro y Torres contra un defensa y el portero. El canario se ha hecho la picha un lío y ha perdido el balón. Mi mujer le dedica una especie de maldición al pobre chaval. Mi cuñada se muerde las uñas, envuelta en una bandera española gigante. Yo tengo miedo, aunque no sé si de los alemanes o de mi mujer.

Fin del partido. España en la final del Mundial!!!! Gritos, abrazos, saltos… el salón de casa es una locura. Nos asomamos a la ventana. En todos los pisos la gente está saliendo a las ventanas con banderas, bocinas, gritando…. Nunca había visto algo así… Claro que nunca habíamos llegado a la final de un Mundial, y eso también influye.

Tercer tiempo.

Mis chicas se han emocionado (es una sensación extraña ver el fútbol con dos mujeres; que ellas resulten ser más forofas que tú, sencillamente, no tiene nombre) y deciden salir a dar una vuelta y celebrarlo. Total, hace un calor que no hay quien aguante en casa. Se aprueba la moción.

León entera es un auténtico escándalo de coches pegando bocinazos, gente vestida de rojo. Caras de felicidad por todas partes. Llegamos a la plaza de Santo Domingo, tradicional punto de encuentro para celebraciones deportivas. El tráfico está cortado. La fuente del centro está petada de gente, empapada, feliz, berreando. Yo soy español, español, español. Banderas al viento, toda la plaza botando, todo el mundo gritando.

Seguimos hasta el Barrio Húmedo, por la Calle Ancha. Aglomeración histórica. Más botes. Más cánticos. España entera se va de borrachera. Me parece un buen plan. Si no hubiera que trabajar mañana….

Nos tomamos unos cacharros en la Plaza de San Martín. Todo el mundo va de rojo. Mi cuñada nos hace peregrinar en busca de un sitio abierto en el que poder comprar una bandera, una camiseta, un banderín,…. algo rojo. Peregrinamos sin éxito. Tomamos otro cacharro. Mi mujer me dice que le apetece un Cacique cola. Le digo que hoy no: si quiere ron, que sea Bacardí, que es español. Un grupo que pasa cerca me escucha el comentario y se emociona: nos rodea, empiezan a botar, a pegar bocinazos, a abrazarnos, a cantar. Yo soy español, español, español. Creo que mis chicas están empezando a asustarse. Para mí que no tenían muy claro dónde se metían cuando decidieron salir, pero tampoco es cosa de echárselo en cara ahora. Volvamos a casa.

Llegamos a casa. Ya no hay tanto ruido. Sigue haciendo calor. Somos felices.

Y somos españoles.

1 comentario:

112 dijo...

Si aun no estas convencido de lo "bruja" que es tu mujer, es que sigues enamorado.